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martes, 3 de febrero de 2009

INSINUACIONES

INSINUACIONES

De pronto el petróleo ha sacudido los cimientos del bienestar occidental y la ‘felicidad’ se ha estremecido porque quizás no podamos conseguir lo que teníamos previsto. Nos han fabricado un mundo ficticio de teléfonos móviles, de relaciones de humo, de compras innecesarias, de consumir a borbotones y cuando vemos que se nos resquebraja, sentimos que las piernas nos tiemblan.
Es realmente lo que es, o nos están engañando. El petróleo es el mismo, los cereales son los mismos, nosotros somos los mismos. ¿Qué ha cambiado para hacernos creer todo esto? Quizás no podamos cambiar de móvil cada año, no importa, con el que tenemos nos podemos contentar. Si consiguiéramos dejar los autos parados una semana, podríamos ser los dueños de la situación. Quién mueve los hilos de este despropósito, quién nos está amargando nuestros días, si el sol sale cada mañana y es tan poco lo que necesitamos cada día.
Nos han sometido a una espiral de consumir por consumir. Como si eso fuese el progreso que tanto predican. Nos han inculcado una serie de mentiras y diversiones que a nadie beneficia. Han elevado a líderes sin carisma a la gloria y un juego, como el fútbol que no sirve para nada, lo han nombrado dios de los deportes, y nos amenazan para que todos seamos sus adoradores. Cristiano Ronaldo 70 millones. Ronaldinho 65 millones. Mourinho 9 millones al año; lo que hacen estos hombres es digno de ser remunerado tan generosamente.
Lo que nos costó tantos siglos conseguir, ser ciudadanos libres y responsables, va desapareciendo. De ciudadanos nos hemos convertido en clientes y para ser clientes hay que consumir mucho y tener dinero. La espiral se puede romper y de hecho puede que se rompa. Tenemos que volver a ser ciudadanos, interesarnos por los asuntos que realmente importan y que sí están muy manidos. Despertar de este letargo consumista, que no nos conduce a nada. Tratar de ver quién nos ha sumido en esta desesperanza, pero hacerlo juntos, no esconderse como el avestruz y que cada uno se esconda en su casa. Hay que pedir responsabilidades a los que suben el petróleo, a los que ponen inalcanzables las viviendas, a los que juegan con el futuro de las gentes normales y corrientes. O es que acaso estamos todos metidos en esta vorágine y no podemos salir de ella, vamos a seguir siendo cómplices de esta gente que solo piensa en su barriga.

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