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martes, 13 de junio de 2017

FRAGMENTOS

MI vida se va acabando y miro atrás y veo a un niño que recorre las calles de Alcalá la Real, por la Alférez Utrilla, por la Avenida de Andalucía, por la Abad Palomino, por la calle Álamos y llego al Llanillo y me introduzco en el Palacio Abacial y entro a una clase de dibujo y allí estaba don Pedro Ríos y me dice que la lámina que he hecho, está mal, yo no sabía dibujar y nadie me había enseñado a ello. Ramona me hacía los dibujos y se los enseñaba a aquel profesor y me daba un aprobado. Una vez me tiró de las orejas y me decía: Campos, Campos…Otras veces lo veía en la pastelería la Terraza tomando un café con don Juan Borrego y ambos se reían. Otras veces me encuentro en el último piso del Palacio Abacial y me asomo por la barandilla para mirar a las niñas que estaban en el primer piso, había una que se burlaba de mí y me decía Cortijerillo, ella me seguía la mirada y me citaba en el Paseo de los Álamos, pero no me atrevía a ir, porque no sabía lo que le iba a decir; llevaba unos zapatos planos y unos calcetines cortos blancos; se hacía unas trenzas cortas y las ataba con un lazo rojo. Yo iba de arriba-abajo y me quedaba mirándola cuando pasaba por mi lado: Cortijerillo, me seguía llamando y no le respondía y un rubor me invadía el cuerpo y le pedía a mi amigo Miguel Tello que nos fuésemos de allí. Nunca pude hablar con ella porque era incapaz de articular una palabra, pero la miraba y la miraba en aquellas tardes de octubre y pasaba por su calle por si salía al balcón de su casa. Me juntaba con los más grandes, con Villén, con Morales, con Sánchez e iba al cine, allí me sentaba en el gallinero y pensaba que estaba en el Cinema España de Frailes. Cuando me encontraba solo, me iba a un escaparate del Llanillo, donde había un televisor y me pasaba las tardes viendo aquella imagen en blanco y negro.

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